Ponerse mala fuera de casa

Ponerse mala fuera de casa y otras historias de menta. Que una quería ser ordenada y quedarse con sus intenciones de publicar dos veces a la semana y lo único que ha salido en este tiempo han sido las que tenía programadas.

Gracias a Dios no ha sido nada importante, sólo muy incómodo. No me gusta ir al médico (y a quién sí, diréis) porque es como hablar por teléfono. Me bloqueo  y no sé contestar a las preguntas que me hacen. Que qué me duele. Y a eso le juntamos que soy un poco recia y aunque no soy del team que odia a los medicamentos (si están ahí es por algo, testados y comprobados, que porque una cosa sea natural -que te muerda un tiburón, a ver si gusta- no tiene por qué ser autománticamente mejor) pero me cuesta ir al médico. Soy una persona bastante sana en general y no suelo tener nada más grave que un resfriado que con couldina y descanso, vas que chutas, así que voy a las revisiones que tocan y poco más.

Pero ah, querida, estas semanas se me ha juntado todo. Se me bajan las defensas cuando me tiene que bajar la regla, así que andar medio con el moquillo es normal una vez al mes, pero es que este además he tenido una ¨gripe intestinal¨ que me ha dejado baldada. Al principio cuando comencé a vomitar no me preocupé más de lo normal: algo me habrá sentado regular, estaré empachada que vengo de una temporada de descontrol, pero cuando vi que eso no paraba y que me parecía que tenía fiebre, vencí mis resquemores y me fui al médico. A urgencias. Sin parar de vomitar. Y en otro idioma.

Y para de contar.

Después de que me insistieran mucho en si podía estar embarazada (chico, la abstinencia suele ser un anticonceptivo la mar de efectivo) y que en el autobús hasta el médico todo el mundo diera por sentado que esa era la causa (con las simpatías de todos los que me aguantaron vomitando como la niña del exorcista, preguntándome que para cuando salía de cuentas y que no me preocupara, que para el segundo trimestre me encontraría mucho mejor y yo con mi carita echada abajo sin poder decir ni dos frases seguidas) de mi malcuerpomáximo, conseguí contestar a todo y la verdad es que fueron bastante amables.

Total, que estaba deshidratada y si me dijeron algo más, no me enteré de mucho. Vía, hidratación y para casa abrazada a una botella de Aquarius. Fiesta loca. Y mientras mis compañeros de ciudad estaban de jarana y de ferias, ahí estaba yo, en tierras extranjeras. Tengo que agradecer a mi compañera de piso, que ha sido un solete conmigo y que me ha cuidado como una madre.

¡Pero qué mal ponerse enferma fuera de casa! Me siento muy infantil, pero cómo he echado de menos a mi familia y a mi madre, para qué mentirnos.

Pero ya estoy de vuelta y completamente recuperada, con unos kilillos menos que nunca vienen mal.

¡A ver cómo se presenta el mes! De momento, sólo puede mejorar.

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Miedo.

 

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No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que lleva a la destrucción total. Afrentaré mi miedo. Dejaré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado guiaré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde hay pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo.

Letanía contra el miedo Bene Gesserit

Frank Herbert, Saga de Dune

La saga de Dune es una de las mejores obras de ciencia-ficción que he leído y me atravería a decir sin asomo de vergüenza que probablemente de las que se haya escrito, especialmente la trilogía original. Y además, una rareza en el mundo, no sólo las obras de Frank Herbert, creador original de la saga son sublimes, sino que las continuaciones y precuelas escritas a cuatro manos por su hijo Brian Herbert y el escritor Kevin J. Anderson son muy buenas continuaciones.

Sin entrar en la complejidad fascinante del universo de mundos que componen Dune y de su rica historia y transfondo, me voy a detener únicamente en explicar a los profanos qué son las Bene Gesserit y qué pinta su letanía contra el miedo en esta entrada.

Las Bene Gesserit son [la leche] una Hermandad exclusivamente conformada por mujeres que se encuentra diseminada y presente en cada estrato social y rincón del universo. Aupadas por un objetivo secreto y poseedoras de habilidades que parecen casi cosa de magia y que les ha ganado el sobrenombre, muchas veces despectivo, de brujas, habilidades que se explican con su riguroso entrenamiento físico (llegando a dominar cada músculo y cada nervio, controlando la química interna de su cuerpo) y psicológico (lo que las permite utilizar la Voz, una especie de control mental que se basa en las modulaciones del tono o ser Decidoras de la Verdad, siendo capaces de percibir cuando un individuo está mintiendo observando su lenguaje corporal).

Entradas igualmente en el semiflujo y pendientes de todos los detalles, sus poderes de observación y memorización las hacen verse a los ojos de otros no iniciados, casi como verdaderas hechiceras.

Siendo leales sólo a ellas mismas y a su objetivo perseguido durante generaciones.  Además, cuando pasan una prueba llamada la Agonía, si sobreviven, se convierten en Reverendas Madres y ganan el acceso a las Otras Memorias, es decir, acceder a los recueros y personalidades de todos sus ancestros, pero exclusivamente por la línea femenina.

Para demostrar y probar su humanidad, toda aspirante a Bene Gesserit tiene que sufrir casi una ordalía, de la que sólo pueden resultar victoriosas si conservan la calma y no dejan que sus instintos más primarios tomen el control, convirtiéndolas en animales. En esa situación y en otras, no es raro que las Bene Gesserit, profundamente ateas, invoquen su letanía contra el miedo.

Yo no sé hasta qué punto funciona, pero desde la primera vez que la leí me quedé con la copla. Se me pegaron las palabras y soy capaz, incluso años después de haber leído por primera vez algo de Dune, de memoria. Me gustó desde siempre porque me parece una manera muy buena de afrontar el miedo. Cuando me aconsejan que reprima pensamientos (por ejemplo, ¡no te pongas nerviosa!) me hace mucha gracia porque si tuviera algún tipo de control sobre ellos, ¿crees que pasaría un mal rato a propósito?, me parece una advertencia francamente mala.

Igual que no podemos vivir aislados de lo bueno, intentar hacerlo de lo malo es algo prácticamente imposible. Y el miedo tiene su razón de ser, existe y es necesario para la supervivencia. Reflejo de huida o de lucha.

Así que las Bene Gesserit no te dicen que reprimas el miedo. Te enseñan a enfrentarlo, anailizarlo y superarlo. Salir más fuerte del problema. Y creo que es una filosofía que se puede aplicar a la vida, más allá de la ciencia-ficción. Lo peor que puede hacerte el miedo es paralizarte, dejarte sin capacidad de  reacción, y huir de él es imposible. Tarde o temprano tendrás que encararte con él, con la situación. Mejor hacerlo con la mente clara y el espíritu fuerte, en la plaza en la que tú has elegido, que huir e intentar esconderte para que te encuentre cuando menos te lo esperas y no estés preparada para ello.

Yo voy a intentar ponerlo en funcionamiento.

Una Semana Santa atípica.

 

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Es la primera Semana Santa que paso fuera de España y estoy del revés. Si bien no todas las Semanas Santas las he pasado en mi ciudad (una de las más “capillitas” por excelencia) y la carta de irnos a la playa se ha usado muchos años, siempre estaba dentro del terruño. Y este año no.

No he tenido sensación de vacaciones. No he comido torrijas. No he visto a mi ciudad prepararse, engalanarse. No me he arreglado y he estrenado algo el Domingo de Ramos. No he visto una sola procesión, ni a un sólo nazareno. No me he peleado mentalmente con la señora que no me dejaba pasar por la “bulla” ni he pensado que por qué te metes con el carrito del niño en mitad de todo, que qué necesidad había de meter el carricoche por un sitio en el que no cabe ni un alfiler. No me he pasado la semana con el corazón en un puño por si llovía, más por solidaridad que por sentimiento o veneración auténtica (mi familia es toda de fuera y digamos que no he mamado esa devoción).

No he tenido a mi abuela llamándome y recordándome que los viernes no se podía comer carne. Desde que terminé el colegio no he vuelto a tener un miércoles de ceniza completo, pero se me ha hecho raro igualmente no ver a nadie con la señal en la frente.

Aquí en Bélgica no le dan demasiada importancia a la Semana Santa en sí. Se enfocan más en la Pascua. Hablándolo con extranjeros, ellos no comprendían por qué en mi ciudad y en otras partes de España nos centrábamos, a sus ojos, más en la Pasión que en la Resurrección. Yo no he podido explicárselo muy bien, más allá del manido “eso tienes que sentirlo y verlo en vivo”.

No me meto en la parte religiosa o creyente.
Pero esta Semana Santa fuera de casa ha sido un mazado de morriña y de ganas de volver, por unos días, a mi tierra, a mi gente y a mi casa.

Hoy estoy más blandita que de costumbre. Pero supongo que es sólo una fase, que es normal que en fechas señaladas te acuerdes más de los tuyos. ¡Y de los días de vacaciones! Que aquí nos han dado el Lunes de Resurrección y gracias.

 

Están locos estos romanos v. I

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Hoy en un #MentaTeCuenta, curiosidades variadas sobre lo locos que están los belgas y los que no son españoles, en general, desde mi óptica de española y #becariaprecaria (aunque esto es como cumplir años y que se te olvide el número nuevo, a mí me sigue saliendo decir que soy estudiante y sigo aferrándome a mi carné de estudiante de la Universidad).

Los cómics de Astérix y Obélix me han encantado y hecho muchísima gracia desde que era una enana. Mi favorito será siempre Astérix Legionario, pero en más de uno y en más de dos, se viene repitiendo la misma frase, de un Obélix sumamente sorprendido: ¡están locos estos romanos! Y yo me lo he repetido un montón de veces desde que estoy viviendo fuera.

Vivir en el extranjero tiene cosas buenas y cosas malas, aunque me gusta pensar más en las cosas que me gustan. Pero sí que es verdad que cuando vives fuera de tu sociedad, hay cosas que te chocan y mucho. A mí una de las costumbres que más me ha chocado ha sido la ausencia total de fregonas.

He estado en tres pisos distintos y he comentado lo mismo con compañeros de trabajo y amigos y aunque las ves en el supermercado en el pasillo de la limpieza, en general, pero no las usan. Yo me quedé con los ojos como platos cuando la primera semana en el piso le pregunté a mi casera que dónde estaba la fregona y me dijo señaló un cubo y un trapo.

¡Un trapo!

¡A limpiar de rodillas!

Igual es el orgullo patrio (que eso de que un español hubiera inventado la fregona puede que tire), pero me parece un atraso fundamental eso de seguir fregando de rodillas en el suelo, porque además de ser muy, muy incómodo, te duelen las rodillas y la espalda, es la cosa menos eficiente del mundo mundial, porque con el mismo trapo sucio te toca retorcerlo con las manos, escurrirlo y volverlo a tirar al suelo, a seguir limpiando. A seguir y a secar el suelo, en la medida de lo posible, con ese mismo trapo.

Total.

Que te tiras una hora para limpiar y encima lo haces mal.

¡¡Están locos estos romanos!!

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Al final Soñadora tenía razón y las buenas noticias atraen buenas noticias, así que ya puedo decirlo (amén de que en mi empresa el concepto de para finales de la semana que viene lo tienen un poco regular entendido y que el departamento de RRHH va a hacer que pierda los pocos nervios que me quedan), ¡¡ME HAN CONTRATADO!!

Aún no he firmado ningún papel y me sigue dando miedo que en algún momento falle algo y me explote en la cara y aunque ya se lo he dicho a un par de personas y a mis padres, en principio podría decir que… ¡¡me han contratado!!

Durante tres meses, con un sueldo que me permite vivir y ahorrar un poquito. Sí que he notado que desde el momento en el que me dijeron que me iban a contratar, me ha cambiado mucho el modo de trabajar. Ahora mismo noto como me tratan mis jefes de un modo diferente y que algunas de mis tareas han cambiado. Sigo trabajando en lo mismo, pero a otro nivel, más profundo.

Lo que sí que me ha dado un poco de pena ha sido que un proyecto que llevaba desarrollando desde principios de septiembre me lo han quitado de las manos y se lo han dado a uno de mis compañeros, porque como implica viajar mucho no voy a tener tiempo para dedicarme completamente a él y, además, me han trasladado de sección así que eso ya no entra dentro de mis responsabilidades. Sé que mi compañero no lo ha hecho a mala fe (de hecho, si alguien tenía derecho a estar molesto sería él porque me he enterado a toro pasado que también estaba compitiendo por mi contrato), pero siento como si me hubieran quitado a mis bebés.

Ese proyecto, el primero que he llevado, al que le he echado muchas horas y he llegado casi a soñar con él, está a punto de caramelo y lo va a acabar otra persona. Y como me confieso un poco controladora y no me gusta demasiado delegar, especialmente ahora que estaba en el proceso final y el más delicado, me sigo diciendo que yo podría hacerlo mejor porque lo conozco mejor, pero tengo que ser una señora adulta y dejarlo pasar. Además, que con todo lo que se me está viniendo encima, como para abarcar más cosas.

Ahora tengo que controlarme para no asaltarlo cada dos pasos que dé pidiéndole updates del proceso, me temo.

¡¡Buena semana a todos!!

Buenas noticias ¿atraen buenas noticias?

 

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Hoy estoy muy contenta. No quiero pensar más en el tema trabajo o no, pero no puedo evitar intentar relacionar una con otra. ¡Pero eso prefiero dejarlo más allá!

Me han dado una buena noticia hoy. Me voy a mudar de un piso a otro. El mío no es que esté mal, pero vivo sola y el cuarto de baño se atasca muchísimo, me siento más un gato que una persona porque cada vez que me ducho, me toca pasarme media hora recolectando pelitos. Además la cosa sería que voy a pasar de vivir sola a vivir con una amiga y las dos cosas me han hecho mucha ilusión.

Como yo he estudiado en la misma ciudad en la que he vivido toda mi vida, pues mis años universitarios han sido en casa de mis padres. Que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas (aquí por ejemplo, en el primer piso no tengo lavadora y eso de tener que ir a hacer la colada fuera es un soberano rollo) pero quieras que no, hasta ahora no he experimentado la libertad de entra y salir cuando y cómo yo quisiera. Sí que me ha vuelto loca el tener que pensar en qué iba a hacer de comer cada día, pero bueno.

Así que sólo le veo cosas positivas a mudarme de piso. Mi habitación nueva va a ser un poco más pequeña, pero sigo estando en la zona del centro, el alquiler es bastante más bajo, voy a vivir acompañada y lo mejor de todo, la cocina es una maravilla.

En el piso donde estoy ahora la cocina es compartida por demasiadas personas y al final no hay día en el que no tenga que fregar yo antes de ponerme a cocinar, por no hablar de todas las veces que he entrado para darme la vuelta porque era simplemente asqueroso, He tenido la mala suerte de convivir con gente con una tolerancia muy, muy alta a la suciedad y eso de que mientras no hay bichos pululando (cosa difícil en enero con las temperaturas que hay aquí) todo es salubre.

Que sí, que voy a renunciar a tener mi propio cuarto de baño pero, ¡gano una bañera!

Lo único que me da muchísima pereza es pensar en la mudanza. Es impresionante la cantidad de cosas y cacharros que he ido acumulando en casi siete meses. Increíble. pero bueno, he prometido cerveza a quien me ayude y de momento tengo bastantes candidatos, así que ese mal trago será corto comparado con todo lo que va a venir.

¡Ya estamos planeando la fiesta de re-bienvenida!

Recuerdos y libros

 

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Este año pasado no he leído demasiado y eso en mí es algo raro. Sí que me he dado cuenta de que una de las cosas que primero eché de menos cuando me mudé de mi casa-de-siempre a mi habitación-en-piso-compartido fue que dejaba de estar rodeada de libros y seis meses después he de decir que he ido comprando, más de uno y más de dos y que en cada uno de los viajes que he hecho ha acabado alguno viniéndose conmigo.

Creo que los libros, como las fotografías, son de las cosas que convierten una casa en un hogar. Yo he crecido rodeada de libros, en mi familia todo el mundo lee. Supongo que es normal que acabe asociando una cosa con la otra.

Estar rodeada de libros me da paz. Siempre he sido capaz de estudiar mucho mejor en bibliotecas, públicas, la de la facultad, que en mi casa. Y no era por cambiar de ambiente, porque cuando no había ni una sola silla vacía en la biblioteca y tenía que moverme a una de las salas de estudio, era la cosa menos productiva del mundo.

Además, recuerdo que una tradición de cuando era pequeña era ir todos los domingos con mi padre a la biblioteca primero y después al parque. Siempre he leído muy rápido y los libros que me compraban me duraban un suspiro así que eso de tener para mí un edificio lleno era el paraíso. Otro de los recuerdos de mi infancia que guardo con especial cariño fueron unas navidades en Madrid, cuando me sacaron el carné de la biblioteca que estaba al lado de casa de mi tía y me dejaban vagar por las estanterías a mi aire. Me sentía súper mayor y echando la vista atrás no tendría más de siete u ocho años. Esas navidades conocí las Crónicas de Narnia.

Una de las cosas que me encantaría tener en mi casa de adulta definitiva sería una biblioteca. Una sala como tal, rodeada de libros, con estanterías, sillas y mesas y sillones muy, muy cómodos. En mi casa y la de mis abuelos no hay una biblioteca como tal: en la mía, hay libros y estanterías en todas, absolutamente todas las habitaciones y en casa de mis abuelos maternos, lo mismo. En casa de los paternos, la biblioteca es más bien un pasillo largo y todas las paredes que rodean a las escaleras de los tres pisos.

Así que sí. Querré una biblioteca. Y si ya hay una chimenea, perfección.